El Trial dels Cingles celebrará su 41ª edición los días 10 y 11 de octubre de 2026 en Sant Feliu de Codines, iniciando una nueva etapa marcada por la renovación organizativa, importantes novedades deportivas y el firme compromiso de mantener viva una de las competiciones más emblemáticas del calendario.
Información: MC Cingles de Bertí. Fotos: MC Cingles, Solo Moto.
El Moto Club Cingles de Bertí ha anunciado la celebración de una nueva edición de los míticos Dos Dies de Trial dels Cingles, que tendrán lugar los días 10 y 11 de octubre de 2026 en Sant Feliu de Codines (Barcelona). La prueba alcanzará una cifra muy especial al disputar su 41ª edición, reafirmando su condición de una de las competiciones de trial de larga duración más emblemáticas del calendario catalán y nacional.
La edición de 2026 marcará además el inicio de una nueva etapa para la histórica prueba. Tras la reciente incorporación de una nueva junta directiva, encabezada por su presidente Àlex Clarasó, el Moto Club Cingles de Bertí trabaja ya intensamente en un evento renovado, con importantes novedades organizativas y deportivas, pero siempre fiel al espíritu que ha convertido a esta cita en una referencia durante más de cuatro décadas.
Nueva junta directiva en el Moto Club Cingles de Bertí
Entre los principales cambios anunciados destaca la creación de un nuevo recorrido largo, que discurrirá mayoritariamente por pistas anchas, con el objetivo de mejorar la fluidez de la prueba y hacerla más accesible y atractiva tanto para los participantes como para el público. Asimismo, se introducirán dos niveles de participación, identificados como azul y amarillo.
Ambos niveles se disputarán en modalidad non stop, una apuesta clara por un formato más dinámico y acorde con las tendencias actuales del trial. En especial, el nivel amarillo estará concebido como una categoría abierta a todos los niveles y a cualquier tipo de motocicleta de trial, ampliando así el abanico de pilotos que podrán disfrutar de la prueba.
Desde la organización subrayan que todos estos cambios responden a un planteamiento general orientado a ofrecer una experiencia aún más completa y atractiva, sin renunciar a la esencia que ha caracterizado siempre a los Dos Dies dels Cingles. “No son solo una competición, sino un encuentro que une deporte, territorio y pasión por el trial”, señalan desde el Moto Club Cingles de Bertí, que afronta esta 41.ª edición “con ilusión, compromiso y respeto por la historia de la prueba”, con la voluntad de seguir ofreciendo un evento de referencia para pilotos y aficionados.
Historia de los Dos Dies dels Cingles
Los “Cingles” es el nombre con el que todo trialero conoce la popular prueba de los Tres Días dels Cingles, organizada por el Moto Club Cingles de Bertí. Desde su primera edición, los Cingles se han consolidado como el trial que marca la clausura de la temporada trialera internacional.
Durante los años setenta —época de dominio absoluto de las marcas españolas— los Cingles eran el escenario ideal para presentar las novedades de la temporada siguiente y, al mismo tiempo, para acercar a los pilotos oficiales a los trialeros de fin de semana, sin la presión de la competición una vez decidido el título mundial.
La prueba fue concebida con un espíritu claramente inspirado en los Scottish Six Days Trial, pero con un carácter propio: meteorología más benigna, terreno mediterráneo y solo tres días de competición.
1971: los primeros pasos del Moto Club Cingles de Bertí
Para entender realmente el origen de los Cingles, hay que retroceder hasta 1971, cuando un grupo de jóvenes apasionados del trial, provenientes de Sant Feliu de Codines y Gallifa —a unos 50 km al norte de Barcelona— fundaron el Moto Club Cingles de Bertí.
El objetivo era tan ambicioso como claro: organizar una prueba “como los Scottish”, pero a la española, que con el tiempo se convirtiera en una referencia mundial. Liderados por su primer presidente, Ildefons Vilanova, los fundadores demostraron desde el primer momento una gran capacidad organizativa.
Su bautismo de fuego fue el 1º Trial de Gallifa, disputado el 14 de marzo de 1971. La victoria fue para Leopoldo Milà, diseñador de las Montesa Cota e Impala. La prensa destacó de manera unánime la excelente organización, tanto por el trazado como por la información a los espectadores, con programas detallados e indicaciones claras para acceder a las zonas: una tradición que no se abandonaría.
El embrión de los Tres Días: Sant Feliu de Codines
Animados por el éxito, ese mismo año la organización creó una prueba “gemela” en plena temporada estival: el 1º Trial Fiestas de Sant Feliu de Codines, disputado el 22 de agosto de 1971.
Con salida en el centro del pueblo —que con los años se convertiría en el verdadero hogar del trial español—, esta prueba puede considerarse el embrión directo de los Tres Días. El Moto Club hizo un golpe de efecto invitando a la estrella inglesa Gordon Farley, que ganó con autoridad frente a Pere Pi.
1973: nacen oficialmente los Tres Días de los Cingles
1972 fue un año de transición. Todos tenían la mirada puesta en la primera edición de los Tres Días, prevista para octubre de 1973, concebida desde su inicio como una prueba internacional.
La primera edición contó con una inscripción espectacular: 184 pilotos, entre ellos 12 extranjeros de renombre como Geoff Chandler, Felix Krahnströver, Clive Smith o Mark Kemp.
La victoria fue para el británico Geoff Chandler (Montesa), que se impuso al joven talento español Manuel Soler (Bultaco). Pero el gran éxito de la prueba fue otro: aficionados y pilotos de élite compartían recorrido y zonas durante tres días, en un ambiente extraordinario. Como en los Scottish, sin dorsales ni tarjetas, solo con la placa frontal como identificación.
Consolidación y crecimiento internacional (1974–1976)
La edición de 1974 confirmó plenamente el éxito inicial de la prueba. Con casi 200 pilotos en la salida y un nivel deportivo aún más elevado, participaron figuras destacadas del trial internacional como Yrjö Vesterinen, Ulf Karlson, Claude Coutard o Benny Sellman. El finlandés Vesterinen se impuso con autoridad, por delante de Karlson y Coutard, mientras que Manuel Soler fue cuarto y mejor piloto local.
1975 supuso un punto de inflexión tanto a nivel deportivo como reglamentario, con la introducción de la penalización del “2”, que modernizaba el sistema de puntuación. Ese año, Vesterinen repitió victoria, pero con una diferencia mínima: solo 1,3 puntos sobre Manuel Soler, evidenciando el aumento de la competitividad de los pilotos locales.
Finalmente, en 1976 llegó el gran triunfo esperado: Manuel Soler ganó “su trial”, prácticamente en casa, en una edición de altísimo nivel internacional. Superó a Coutard y Karlson en una clasificación que incluía nombres tan ilustres como Martin Lampkin, Mick Andrews o Rob Edwards, consolidando definitivamente la prueba dentro del calendario europeo.
Innovaciones y madurez: Side-trial, Naciones y Veteranos
Paralelamente al crecimiento deportivo, el Moto Club apostó decididamente por la innovación. En 1975 se organizó por primera vez la categoría de side-trial, una apuesta valiente que contó con la destacada participación de la pareja francesa Claude Coutard y Ernest “Nenesse” Langlois. Además de ganar la prueba, ejercieron un papel clave como referentes y mentores, ayudando a elevar el nivel de las quince parejas españolas inscritas.
En 1976, el side-trial ya era puntuable para el Campeonato de Europa y se convirtió en una de las pruebas más importantes de la temporada a nivel continental. A lo largo de los años siguientes, el palmarés recogió nombres de primer nivel internacional, como los hermanos ingleses Roger y Trevor Wall, Colin Dommet y Eric Chamberlain, así como destacadas parejas nacionales como Ramón Treserras y Jaume Vilar, Jordi Bosch y Àlex Sibils, o “Kiku” Carbonell y Llorenç Ausin, hasta la última edición del side-trial en 1981.
En 1977 nació el Trofeo de las Naciones, inspirado en la victoria austríaca del año anterior, y también la categoría Veteranos, que tuvo a Pere Pi como primer vencedor. Esa edición alcanzó un récord de participación con 276 inscritos, cifra que, no obstante, comenzó a evidenciar ciertos límites logísticos de la organización.
Como respuesta, en 1978 se reformuló la categoría Veteranos bajo el nombre “Amigos de los Cingles”, con recorridos adaptados y más tiempo de carrera, una fórmula innovadora que sería ampliamente imitada en otras pruebas. Ese mismo año, el joven Toni Gorgot consiguió su primera victoria absoluta, simbolizando el relevo generacional y la madurez definitiva de la competición.
Años de dureza, lluvia y grandes nombres (1979–1982)
1979 fue especialmente duro, con lluvias torrenciales y una prueba casi épica. Martin Lampkin se impuso “in extremis” frente a Jaime Subirà y Toni Gorgot.
Los primeros años ochenta aún ofrecieron grandes momentos: motos pequeñas como la Cota 200, gestas como la de Eugeni Majó con una Italjet 50, y la aparición de futuros grandes nombres como Gilles Burgat.
1982 fue el último año con una participación internacional de lujo. Toni Gorgot ganó frente a Eddy Lejeune, en una edición que puso fin al side-trial en los Cingles.
El final de una etapa (1983–1984)
La crisis de las marcas españolas marcó los años siguientes. En 1983, Gorgot ganó con autoridad frente a Gabino Renales, Lluis Gallach y Andreu Codina, mientras que en Veteranos triunfaba Ignacio Bultó con su Merlin.
1984 fue la última edición ganada por una moto bi-amortiguada. El vencedor fue Andreu Codina, ídolo local, con su Montesa Cota 330, por delante de Diego Bosis (Fantic) y Gabino Renales (JJ-Cobas).
Ese mismo año hubo un cambio en la presidencia del Moto Club, asumiendo el cargo Joan Carles Esteve Claramunt, ligado al club desde sus inicios, que lideraría los Cingles durante más de una década, pasando el relevo a Andreu Codina en 1997.
La modernización del Trial (1985)
1985 marca un cambio importante en el mundo del trial. La mayoría de motos comenzaron a equipar suspensión trasera monoamortiguador y también aparecieron los primeros frenos de disco. A partir de ese momento, el trial, una disciplina muy conservadora por sus orígenes en Inglaterra, siguió una carrera tecnológica imparable.
La llegada de pilotos del Trialsin (como Andreu Codina y Jordi Tarrés) también cambió el estilo de conducción y empezó a complicar a la organización encontrar un nivel adecuado para todos los participantes.
La edición de 1985 vio la victoria de la primera moto con monoamortiguador, la Fantic 301 pilotada por el francés Thierry Michaud, nuevo campeón del mundo en una temporada en la que ganó todo: campeonato de Francia, Mundial, los Scottish y los Cingles.
La década dorada del trial moderno (1985–1994)
A finales de los 80 e inicios de los 90, los Cingles seguían siendo una prueba con gran participación y presencia de los mejores pilotos del mundo. Ganar en los Cingles tenía prestigio y las marcas aprovechaban la ocasión para presentar sus nuevos modelos.
Destaca la edición de 1988, cuando Aprilia presentó la revolucionaria Climber, la primera moto de trial refrigerada por agua, modelo que luego siguieron todas las marcas. El equipo formado por los italianos Diego Bosis y Piero Sembenini, y el finlandés Tommy Ahvala, ganó el trofeo de marcas de esa edición.
Durante esos años, pilotos que dominarían el mundial siguieron viniendo a los Cingles: Jordi Tarrés, Diego Bosis, Eddy Lejeune, Steve Saunders, Tommy Ahvala, Lluís Gallach, Amós Bilbao, Marc Colomer, Joan Pons y Andreu Codina, todos ellos luchando por la victoria.
Jordi Tarrés monopolizó la prueba de 1986 a 1988; 1989 fue para Amós Bilbao; 1990 para Andreu Codina; 1991 y 1992 para Amós Bilbao; 1993 y 1994 para Joan Pons. La edición de 1994 marcó la última participación masiva de los mejores pilotos internacionales. A partir de entonces, su presencia fue esporádica y la participación disminuyó progresivamente.
Continuidad en clave amateur y transición (1995–2007)
Tras algunas ediciones con menor presencia internacional, los Tres Días de los Cingles siguieron siendo una cita querida y respetada en el calendario trialista. La organización se volvió más complicada por motivos administrativos y medioambientales; los recorridos se modificaban y acortaban continuamente.
La presidencia de Joan Carles Esteve pasó a Andreu Codina, quien organizó los Cingles hasta 2003, manteniendo la prueba popular pero con carácter más amateur. Entre 2004 y 2007, hubo dos presidentes más que garantizaron la continuidad, cediendo finalmente a Carles Esteve, hijo de Joan Carles.
La edición de 2007 cerró una etapa histórica, poniendo fin a una prueba que había sido referente para varias generaciones de pilotos y aficionados.
Los Cingles se detienen, pero el Moto Club continúa
Carles Solà, miembro activo del club desde sus inicios, asumió la presidencia y mantuvo vivo el Moto Club organizando otras pruebas, como el Trial de Clásicas de los Cingles o las 3 Horas de Resistencia de Enduro, dirigidas por Josep Figueras. Esta etapa de transición permitió dar el relevo a jóvenes con iniciativa para continuar organizando los Cingles.
El retorno a los nuevos tiempos (2020–actualidad)
Después de un período sin disputarse, en 2020 el Moto Club Cingles de Bertí decidió recuperar el espíritu de la prueba con un formato adaptado a los nuevos tiempos: Los Dos Días de los Cingles.
Esta nueva etapa fue impulsada por una junta presidida por Albert Esteve, también hijo de Joan Carles Esteve, formando un sólido equipo junto con Carles Esteve y un grupo de amigos, demostrando que el espíritu Cingles sigue vivo y se transmite de generación en generación.
Actualmente, el Moto Club vive una nueva fase con una junta directiva renovada, presidida por Àlex Clarasó, que trabaja para evolucionar la prueba y el club, manteniendo la esencia de los Cingles y adaptándola a las necesidades actuales.
Fiel a sus valores fundacionales —el respeto por el territorio, el trial compartido entre aficionados y pilotos, y el ambiente de compañerismo—, los Cingles continúan vivos, demostrando que su historia no es solo un recuerdo del pasado, sino un proyecto con futuro.
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