Fallece Quico Payà, una de las grandes leyendas del trial español

 

Ha fallecido a los 73 años Francesc «Quico» Payà, brillante piloto de trial en los años 70, dos veces subcampeón de España y figura clave tanto en la competición como en el desarrollo posterior de las motocicletas JP.


El mundo del trial despide a uno de los grandes protagonistas de su época dorada. El pasado 17 de julio fallecía a los 73 años Francesc «Quico» Payà i Llongueras, uno de los pilotos que contribuyeron a engrandecer el trial español durante la década de los años setenta, una época irrepetible en la que nuestro país comenzó a situarse entre las grandes potencias mundiales de la especialidad.

Nacido en Vilassar de Mar (Barcelona) el 13 de octubre de 1952, Quico Payà fue uno de esos pilotos admirados tanto por sus resultados como por la extraordinaria calidad de su pilotaje. Dotado de una técnica exquisita, un equilibrio excepcional y una conducción elegante y eficaz, pronto destacó entre la brillante generación de pilotos catalanes que escribieron algunas de las páginas más importantes de la historia del trial.

Sus primeros pasos en competición llegaron a finales de los años sesenta, destacando rápidamente en las categorías de promoción hasta llamar la atención de OSSA, una de las marcas que protagonizaban la edad de oro de la industria motociclista española. Con la firma de la trébol verde desarrolló buena parte de su carrera deportiva y se convirtió en uno de sus pilotos oficiales más destacados.

Durante los años setenta se consolidó como uno de los mejores especialistas nacionales, logrando el subcampeonato de España en dos ocasiones (1972 y 1975), únicamente superado por pilotos de la talla de Ignacio Bultó y Manuel Soler, en unos años en los que el Campeonato de España reunía probablemente al mayor nivel de competición visto hasta entonces.

Payà también fue un habitual en las pruebas del entonces denominado Campeonato de Europa, precursor del actual Mundial de Trial, enfrentándose a figuras como Yrjö Vesterinen, Martin Lampkin, Malcolm Rathmell o Charles Coutard, además de los mejores pilotos españoles de la época.

Su talento le permitió obtener destacados resultados internacionales y contribuir al prestigio que el motociclismo español comenzaba a adquirir fuera de nuestras fronteras. Su mejor resultado internacional fue el séptimo en el Gran Premio de España de 1973 disputado en Matadepera a los mandos de una OSSA Mick Andrews Replica.

Aunque siempre será especialmente recordado por su vinculación con OSSA, a lo largo de su trayectoria defendió también los colores de otras marcas emblemáticas como Montesa, Bultaco, SWM y Puch, demostrando una gran capacidad de adaptación a motocicletas de filosofías muy diferentes y manteniéndose siempre entre los pilotos de referencia.

El fichaje por Montesa en 1974 fue muy clave en su carrera deportiva, logrando grandes resultados tanto en el mundial como en el Campeonato de España, donde logró un tercer puesto final. Además realizó trabajos de desarrollo con la Montesa Cota 247 que equipaba el motor de la futura Cota 348, y posteriormente con esta.

En 1976 volvía con OSSA pilotando la MAR tercera serie y la TR77 «verde», en 1978 compitió con Bultaco y en 1979 inició una breve colaboración con Puch, al recibir uno de los prototipos de la casa austriaca de la mano de la filial española Avello. Debido al acuerdo entre Rotax y SWM para suministrar motores en exclusividad a SWM, se vio obligado a abandonar el proyecto de seguir evolucionando la Puch Yeti.

Comenzó así otra breve etapa con SWM, marca italiana de la que fue importador de los modelos de trial durante un tiempo y con la que terminó quinto en el campeonato de España ese año. En 1980 pese a comenzar la temporada con SWM volvía de nuevo a OSSA, para repetir resultado sobre la famosa TR80 amarilla.

En 1977 con la OSSA TR77 «verde» Foto; Ernest Freixas
Con la Puch Yeti, en un poster publicado en Solo Moto

Quienes tuvieron la oportunidad de verle competir recuerdan un estilo muy personal. Quico no era un piloto espectacular por gestos innecesarios, sino por la enorme naturalidad con la que superaba las zonas. Su precisión y sensibilidad con el gas, junto a un magnífico sentido del equilibrio, le convirtieron en uno de esos pilotos que marcaban escuela y que eran observados con admiración por los aficionados que llenaban las zonas de trial durante aquellos años.

Una vida dedicada a la moto

Cuando colgó el casco, Quico Payà nunca abandonó el mundo de la motocicleta. Desde Motos Payà, establecimiento de referencia en Mataró, donde fijó su residencia, continuó ligado al trial como preparador, asesor y apasionado conocedor de la mecánica, manteniendo siempre una estrecha relación con pilotos y aficionados.

Su experiencia fue también fundamental en uno de los proyectos más interesantes surgidos en el trial español: las motocicletas JP, lanzadas en 1986 y equipadas con motor italiano Villa. Junto a Albert Juvanteny, participó activamente en el desarrollo de estas innovadoras motos, aportando toda la experiencia acumulada durante años de competición al máximo nivel. Su criterio como piloto fue decisivo para la evolución de una marca que, aunque tuvo una breve existencia, que hoy forma parte de la historia del trial.

También jugó su papel en el descubrimiento y apoyo a nuevos talentos, siendo impulsor del paso de Joan Pons del trialsín a la moto, a quien transmitió todos sus conocimientos de pilotaje y mecánica, llegando a costear sus inicios en el trial en su etapa inicial, acompañándole en todas las competiciones reginales y nacionales, incluyendo la etapa con Aprilia. A lo largo de toda su vida siguió siendo un apasionado del deporte que tanto le dio, manteniendo el contacto con numerosos pilotos de distintas generaciones y enseñando trial a jóvenes pilotos.

Quico Paya fue mentor de Joan Pons

Un nombre imprescindible en la historia del trial

La figura de Quico Payà pertenece por derecho propio a aquella extraordinaria generación que situó al trial español entre los mejores del mundo y que contribuyó al desarrollo de motocicletas que hoy son auténticos iconos para los aficionados, aunque por su carácter tímido y reservado prefería uir de protagonismos, permaneciendo en segundo plano, lejos de los focos y la prensa.

Su legado permanece no sólo en sus resultados deportivos, sino también en su manera de entender el trial, en su aportación técnica y en el recuerdo imborrable que dejó entre quienes compartieron con él competiciones, entrenos y tantos momentos alrededor de este deporte.

Desde Todotrial queremos expresar nuestro más sentido pésame a su familia, su mujer Angelina, sus dos hijos, sus amigos y a toda la gran familia del trial. Descanse en paz, Quico Payà.

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