La FIM agita el Mundial de Trial con cambios en plena crisis de identidad

 

La FIM introduce profundos cambios en el Mundial de Trial, pero su apuesta por el espectáculo y la complejidad vuelve a generar dudas sobre el futuro real del deporte.


La FIM ha anunciado un nuevo marco para el futuro del Campeonato del Mundo de Trial que, lejos de despejar dudas, vuelve a generar inquietud entre los aficionados más fieles. En un contexto marcado por la reducción de pilotos en las categorías élite y el descenso de ventas de motocicletas, estas medidas suenan más a huida hacia adelante que a una solución real a los problemas de fondo.

El organismo internacional plantea una evolución progresiva del campeonato con el objetivo de hacerlo más accesible y atractivo. Entre las decisiones más destacadas está la simplificación de las zonas a partir de 2026, compartiendo hasta el 50% de ellas entre las categorías TrialGP y Trial2, así como en TrialGP Féminas y Trial2 Féminas. También se establece el ascenso obligatorio de los campeones de Trial2 a la categoría reina, en un intento de revitalizar una clase que en los últimos años apenas ha contado con poco más de un puñado de pilotos.

En paralelo, se inicia la eliminación progresiva de los mochileros, una medida largamente solicitada por algunas marcas para reducir costes. En 2026 ya habrá zonas sin asistencia, en 2027 su uso quedará muy limitado y en 2028 desaparecerán completamente. Una decisión que, si bien apunta en la dirección correcta en términos de ahorro económico para los equipos, llega tarde para muchos, tras años de escalada en complejidad técnica y costes elevados, aunque con la polémica sobre la seguridad de los pilotos y el debate sobre si el trial debe volver a ser un deporte individual y no de equipo.

En el formato deportivo llegan propuestas también controvertidas. Lejos de simplificar el campeonato, la FIM insiste en un sistema que ya generó confusión la pasada temporada: dos “carreras” por día, lo que siempre han sido dos vueltas, para la mayoría de categorías y un entramado de fases en TrialGP que incluye Super Pole, Final y Super Final. Un modelo que acerca peligrosamente el trial outdoor al espectáculo artificial del X-Trial, con zonas agrupadas y pruebas de velocidad que poco tienen que ver con la esencia histórica de este deporte.

El mochilero desaparecerá progresivamente

El resultado es un formato cada vez más complejo, difícil de seguir para el aficionado y alejado de la práctica real del trial. Se busca hacer el deporte más atractivo para la retransmisión y el público, pero a costa de transformar su identidad. Lo que durante décadas fue una disciplina basada en el equilibrio, la técnica y la lectura del terreno, corre el riesgo de convertirse en un espectáculo excesivamente técnico, estático y, en muchos casos, incomprensible.

Otro de los cambios anunciados es la regulación de los tramos entre las zonas, que ahora denominan “enlaces”, con nuevas normas adaptadas a las exigencias legales actuales, en un año de transición para pilotos y equipos. Medidas que, aunque necesarias en algunos aspectos, no abordan el problema principal: la desconexión entre el Mundial y la base del trial.

Porque mientras se introducen fases, zonas de velocidad y formatos cada vez más complejos, se sigue sin apostar decididamente por recuperar la esencia del trial clásico: recorridos largos, terrenos naturales, condiciones variables como barro o lluvia y una mayor cercanía con el aficionado. Elementos que en el pasado hicieron de este deporte algo accesible, atractivo y, sobre todo, reconocible para quienes lo practicaban.

La FIM habla de un deporte más inclusivo y adaptable, pero la realidad es que muchos ven justo lo contrario. Si el objetivo del Mundial era promocionar el trial y vender motos, la tendencia actual parece ir en dirección opuesta. Más espectáculo puede significar más entradas, pero no necesariamente más practicantes ni más ventas.

En definitiva, el Mundial de Trial afronta una nueva etapa llena de cambios, pero también de incertidumbre. Y mientras no se aborden las causas profundas de la crisis —costes elevados, pérdida de identidad y desconexión con la base—, todo apunta a que estas reformas podrían quedarse en un intento más de reinventar un modelo que lleva años dando señales de agotamiento, en lugar de apostar por el retorno a su esencia.

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