Entrevista carrera Albert Juvanteny
Celebro el intento. !Vamos al grano!
Fundamentalmente y como valor más importante, hemos perdido aficionados.
El aficionado es la base de cualquier deporte, puesto que de allí nacen los practicantes, y el necesario e incesante relevo generacional. El inicio y gérmen de todo es la afición, el conocimiento y gusto por el trial, antes incluso que la práctica del deporte. El niño, el joven o el adulto, han de conocer primero la actividad, les ha de resultar atractiva y han de contar con las herramientas necesarias para su práctica. Es obvio, pero si falta alguno de estos elementos no hay práctica posible.
En estos 40 años hemos perdido «conocimiento del trial», en el sentido que por ejemplo demostraban los vecinos de Camprodon, que claramente confunden trial y motocross, y además desconocen tener al lado de sus casas un área de trial que lleva funcionando casi 15 años… Esto puede ser anecdótico – y me parece que tan increible e interesado, como falso- pero ya es un síntoma. El trial ha desaparecido de las calles y de los medios de comunicación, ha dejado de estar presente en nuestras vidas cotidianas. La importancia de Macandrus en la puerta del bar es que hacía preguntarse a la gente porqué aquellas motos eran diferentes a las otras, para qué servian, y generaban curiosidad, interés, en aquellas personas que las veían cotidianamente. Difundían, en la medida que eran visibles a diario, nuestro deporte, eran embajadoras permanentes que nos recordaban que no solo eran medios de transporte y que con ellas se podían hacer «otras cosas» que resultaban mucho más emocionantes y divertidas que ir a trabajar.
Eso se ha perdido. Nuestro deporte ha perdido miles de embajadores en la puertas de las casas, de los bares o en las calles. Nada ni nadie recuerda a la gente que existimos. Y «si no te conocen, no existes», es un slogan publicitario que en nuestro caso es absolutamente cierto. Adiós a nuestra presencia social.
Perdida la presencia social, y mermados o perdidos los aficionados, y minorizados los practicantes, el negocio languidece o se reconvierte, los medios de comunicación relegan a las informaciones sobre el trial a «las páginas interiores» y se pierde relevancia pública. Cada vez somos menos en número y en importancia y por tanto, cada vez el trial es más débil.
Esa falta de relevancia pública, esa debilidad, no fue capaz de contrarestar las acometidas conservacionistas. (¿Debimos haber hecho valer nuestra discrección, nuestra baja velocidad, nuestra menor erosión y bajo impacto medioambiental para distinguirnos de otros deportes off-road…? Bueno, eso es otro cantar, y aquí estamos por los hechos). Ya corría el año 1995 cuando Tarrés revalidaba su sexto mundial y la administración nos puso el último clavo en el ataud…
Hasta aquí, el capítulo del «conocimiento o difusión del trial». El siguiente elemento es la «atracción» o el impulso a probar y el gusto por practicarlo. En esta evolución del trial, la atracción que un deporte despierta en el espectador (no debemos olvidar que antes que aficionados y practicantes somos espectadores u observadores) ha ido cambiando en función de otros cambios que ha ido experimentando la sociedad. Si bien es cierto que con una difusión del trial menguante en cuanto que las posibilidades de tener contacto con este deporte han ido dismuyendo (por tanto y teóricamente, cada vez sería más dificil atraer espectadores, que luego serían aficionados y luego practicantes), la propia evolución de la sociedad ha logrado el fenómeno inverso, cambiando el modo en como se conoce el trial. Lo que en los setenta se conocía en vivo, en las calles y descampados, a partir de los ochenta y sobre todo en los noventa, se conoce en secuencias de televisión. Algo lógico si pensamos que las motos de trial dejan de tener presencia en nuestras calles y los medios de comunicación audiovisuales son ya uso generalizado en todos los niveles sociales.
En mi opinión -siempre muy particular y discutible- el trial de los noventa es mucho más espectacular y atractivo para el espectador (herejía de los clásicos!). Causa infinitamente más admiración en jóvenes y adultos que el que se practicaba en las décadas precedentes.
Sin embargo es un trial mucho más lejano, físicamente, -ya no se podián tocar las motos- y teniamos la barrera de la pantalla. Pero también en cuanto a las posibilidades de imitar a los pilotos, de habilidades casi circenses (en lo que dejarnos con la boca abierta, los ojos como platos, la respiración contenida y un oh de admiración al final de la ejecución de las maniobras). En ese momento se produce un enorme contradicción en el trial: gana espectadores pero pierde aficionados. Creo -y sólo es mi opinión- que ahí el trial se alejó de la gente o la gente se alejó del trial. Físicamente, si, pero también emocionalmente, pues el trial es visto, es percibido como algo tan difícil que no invita a intentarlo, o de probarlo, es fácil caer en el desánimo al ver que resulta casi imposible realizar algo semejante a lo que vemos en las imágenes de nuestros ídolos.
En cuanto al tercer y último capítulo, relativo a las «herramientas» del trial, debemos tener en cuenta que son muchos y complejos los factores y este post se haría muy, muy largo… La fundamental, la moto, a medida que perdió polivalencia (que no es sino sinónimo de utlidad) fue desapareciendo de las calles. La herramienta se especializó y paso a estar parada en un garaje, esperando la llegada del fin de semana. Esa especialización -sin incorporar ninguna inovación tecnológica que permitiera una transferencia tecnológica a otros sitios- puesta sólo al servicio de la competición (o ¿debería decir del espectáculo?) marcó una evolución hacia el practicante que alejó la herramienta del aficionado. No es fácil que alguien que atraido por el trial se decida a probar, encuentre quien le preste una moto. Esa facilidad de acceso a la moto que podía haber en los setenta y ochenta, se perdió. Sumemos -y no es menos importante- que el acceso al medio natural se complicó en los noventa y añadamos que la reglamentación y vigilancia en el uso de vehículos a motor también se ha endurecido progresivamente y tenemos el cóctel perfecto: pocas motos de trial, pocos sitios a los que ir.
Lo perdido no parece poco, desde luego. ¿A cambio de qué? Pues espero que alguien me lo haga apreciar, ya que seguramente a mi se me escaparán muchos detalles. Creo que hemos ganado espectáculo, tenemos los indoor, que no existian y que fueron un intento de acercar el trial a entornos urbanos, concentrando la esencia de la competición en un formato muy comprimido, cercano, accesible.
Hemos ganado áreas de trial y escuelas, cursos, etc… que tampoco existían y que dada la prohibición de acceso al medio natural y las exigencias de circulación (carnet, itv, seguros), es más bien un remedio a un problema de acceso, las primeras, y de dificultad en la ejecución de las técnicas, las segundas, que una aportación al deporte en si.
A nivel competitivo hemos ganado en deportistas, campeonatos del mundo (Tarres, Raga, Bou…). Antes ganar, lo que se dice ganar, más bien poco.
A nivel deportivo, el trial ha ganado técnica. Aquí se ha dado un salto verdaderamente estratosférico. Atletas fuertes físicamente, pero dotados de un tacto y una sensilidad exquisitas, con un conocimiento de la técnica, de la tecnología y del terreno, admirable. Verdaderos profesionales. Y de la mano de la técnica deportiva ha venido la tecnológica de la moto, como dije antes, puesta en exclusiva al servicio de la competición y de las técnicas empleadas en superar los obstaculos, cada vez más y más altos, más y más espectaculares.
El balance de todo esto no lo hago yo, lo hace año a año la sociedad: cada vez hay menos aficionados.
