Entrevistamos a Salvador Planella, ganador del último Trofeo Nacional de Trial en Veterano B, que repasa con nosotros su fantástico 2023, temporada en la que conquistó su primer título nacional.
“A veces nos esperamos a ver quién es el valiente que entra primero”

Piloto de trial de clásicas y modernas, Planella se enamoró del deporte del equilibrio dinámico relativamente mayor… con 10 años. Y no solo eso. Tuvo que compartir moto durante varios años con su hermano.
– Te alzaste con el título 2023 en Veterano B derrotando al anterior campeón. ¿Sabe mejor así tu primer título nacional?
– Te impusiste en las dos citas iniciales y luego supiste administrar a la perfección la ventaja adquirida. ¿Acertamos con este análisis?
– En efecto. Así lo hice. Esa fue mi táctica. Tras el buen inicio entendí que tenía que gestionar las restantes carreras si quería ganar. Lo tenía bastante controlado, aunque en Entrimo, en Ourense, tuve un fallo importante, que me relegó a la quinta posición final cuando ya tenía el título practicamente en el bolsillo. De ahí que tuviera que esperar a Camprodón, la última cita, para remacharlo. Pero ello también me gustó, ya que Camprodón, y por ende el Noassar Park, es mi casa y donde entreno habitualmente. (Sonríe).
– Sin duda alguna: Manuel Panizo. Es un piloto muy calculador y muy seguro. Y era el vigente campeón de la categoría.
– ¿Y el piloto que te sorprendió más?
– Mikel Lertxundi, un piloto de la nueva generación. Hace los cambios muy bien. Además, es muy fiable, sin despreciar a Panizo o Rafa Sirvent, otro que también es muy regular.
– ¿Este 2024 la idea era defender el título o subir a la categoría Veteranos A?
– A todo esto, ¿te parece acertado el nivel de dificultad del Trofeo Nacional de Veteranos B?
– Sí, me parece un nivel correcto; aunque no en todas las carreras las zonas tienen la misma dificultad. Hay triales fáciles y otros que lo son un poco menos. Pero está bien esa variedad. De todos modos, también te diré que los pilotos de nuestra categoría lo que buscamos es hacer trial y no arriesgar. Más que nada porque todos tenemos una cierta edad… (Risas).
– Realmente, no me importaría. Los recorridos de los triales no son demasiado largos y complicados, como antiguamente eran.
– Con ésta ya son tres las campañas en las que el CET cuenta con dos categorías para Veteranos, a imagen y semejanza de Juvenil. ¿Crees que la decisión tomada por la RFME en su día fue acertada?
– Pilotas una Vértigo y no es extraño verte en la carpa de la firma verde visitando a tu sobrino Marc, que compite en el CET en categoría TR5. ¿Cómo os sedujeron a ambos para pilotar la Nitro Works?
– Es una excelente idea para que los jóvenes se inicien en el mundo de la competición, ya que de este modo tienen un poco más fácil seguir creciendo y evolucionando como pilotos en este deporte. Una especialidad que aún es minoritaria y que tiene costes considerables, no nos engañemos. Por eso, cualquier ayuda es siempre bien recibida. (Sonríe).
– Al ser el piloto de más edad y mayor experiencia, ¿te pedían consejo en carrera?
– ¿Qué destacarías de cada uno de ellos?
– La seguridad de muchos de estos chicos, así como la facilidad y fortaleza, tanto mental como física de los otros. Pienso que en el trial influye bastante el estar mentalmente bien centrado.
– No, y sin desmerecer por ello a Sherco, que sin duda tiene una moto fantástica. La moto con la que estoy más adaptado, con la que piloto mejor, es la Vértigo, ya que la estoy llevando desde sus inicios. Ten en cuenta que la Vértigo es una moto que traza muy bien, y eso eso lo que nosotros habitualmente practicamos. Siento no poder opinar de Sherco o de otras marcas; aunque me consta que hay muchas motos para hacer trial en nuestro nivel, Veterano, que son también muy competitivas.
– Te seré sincero. No he visto un entorno tan alucinante para hacer trial como esa área de trial. Allí encuentras todo tipo de terreno: seco, húmedo, barro, agua, piedras, etc. Además, existe una réplica de las famosas zonas ‘Laggan Locks’, que están en los Scottish Six Days Trial, conocidos también por sus siglas SSDT y/o simplemente por ‘Scottish’. De hecho, incluso uno de sus ríos lo han bautizado así, ‘Scottish’. Es un entorno que cualquir trialero debería visitar alguna vez. Y es realmente lo que dicen: el paraíso del trial.
– Lo primero de todo: tranquilidad para poder practicar trial. Asimismo, todo tipo de terrenos y zonas. Para los que se inician en el trial y también para los más expertos o profesionales. También cuenta con una área para reparar y limpiar las motos. Además, tiene para sus visitantes alojamiento, el Hotel Puig Francó; restaurante exclusivo, el Retaurante Mític, así como servicios de piscina, spa y gimnasio, zona de chill-out… y, por supuesto, aire puro del Pirineo; algo muy díficil de encontrar en cualquier otro lugar del mundo.
– ¡Evidentemente! (Risas) ¡Soy uno de los fijos al TK! Todos los que participamos en él, como pilotos o en tareas organizativas, formamos un gran equipo, una gran familia. Nuestra intención, y te hablo ya como parte de la organización, es ofrecer siempre a los participantes un trial de calidad. Porque queremos que vuelvan, que repitan experiencia.
– A todo esto, ¿cómo y cuándo te enamoraste del trial como deporte?
– Sí, perfectamente. Era una Montesa Impala, y recuerdo que pesaba muchísimo. Le pusimos una corona más grande, una rueda trasera de tacos, levantamos el guardabarros delantero y le pusimos también un manillar de trial. Y la verdad es que nos quedó una moto super polivalente, porque mi padre iba a comprar a diario con ella y nosotros hacíamos trial los fines de semana. (Risas). Hasta que llegó el día en el que mi padre ya no pudo ir a comprar con la moto al estropearla nosotros día sí, día también. ¡Al final siempre estaba rota! Fue una época con unos recuerdos muy bonitos y felices. (Sonríe).
– Fue el propietario de un concesionario de motos en Olot. Al haber pilotado la Montesa Impala, aquella Cota 25 parecía una moto de juguete. Por eso, al conocer de la existencia de aquella Impala transformada, nos ofreció una Sherpa T. Evidentamente, de segunda o tercera mano. Bueno pues tras mucho lloriquear nuestro padre nos la acabó comprando.
– ¿Qué nos puedes decir de la Bultaco Tirón que tú y tu hermano llevasteis?
– La Bultaco Tirón era una moto muy limitada. Tenía 100cc y, para nosotros era una moto muy baja de sillín. Además, las ruedas eran muy pequeñas y patinaban muchísimo. Por eso, el dueño, un señor que viajaba mucho, nos prometió traer unas ruedas mucho más grandes de Estados Unidos, ya que allí las montaban más anchas. Esto, para nosotros, fue un antes y un después haciendo trial con la Bultaco Tirón.
– Por cierto, aquella Sherpa T vieja cómo os la repartíais? ¿Uno los días impares y el otro los pares?
– (Risas). No, juntos buscábamos zonas. No teníamos medios para desplazarnos, pero vivíamos en un lugar rural donde se podía practicar trial en cualquier sitio. Claro que eran otras épocas. Hoy en día esto sería imposible. Pero solo entrenábamos, no participábamos en ninguna carrera.
– Con 15 años empezaste a trabajar de mecánico y ello te permitió adquirir tu primera moto nueva: una Cota 172. ¿Por qué ese modelo y no otro?
– No sé. Fue un modelo que me entró por los ojos. Era muy bonita. Además, después de probarla, la encontré muy ligera y con un motor muy alegre, comparado con la anterior Sherpa T. Fue una moto que disfruté muchísimo.
– ¿Y qué me puedes decir de tu Sherpa T350 con la que empezaste a competir?
– Una moto muy polivalente, que se adaptaba mucho a las zonas de aquella época. Tenía una potencia que no había disfrutado antes y un motor muy versátil, que te entregaba la fuerza precisa cuando la necesitabas. En resumen, tenía una conducción muy agradable. De hecho, a día de hoy, todavía tengo una Sherpa 350 modelo 6 marchas para tomar parte en carreras clásicas.
– Por cierto, ¿que nos puedes contar tu primera carrera oficial?
– Recuerdo que fue un trial social en mi pueblo, y creo se hicieron sólo dos ediciones. Tenía 16 años y, si no recuerdo mal, fue con una moto prestada. En aquella época, el 90% de los triales eran eso: triales sociales en diferentes pueblos de la comarca. Prácticamente, en todas las fiestas mayores de los pueblos, anunciaban en los carteles un trial.
– En tu currículum encontramos un Campeonato de Girona Júnior en 1989 y varios SubCampeonatos de Catalunya de Trial de Larga duración a principios de los 90. ¿Cómo eran aquellas primeras competiciones?
– Eran competiciones, sobretodo por la climatologia adversa, mucho más duras. Habían zonas con mucha agua, barro… Recuerdo que un día fuimos a entrenar para Santigosa y a medio entrenamiento tuvimos que desistir porque hacía tanto frío que los radios de la ruedas estaban ¡congelados! ¡Casi no nos podíamos mover!
– ¿Con quién te batías el cobre por la victoria?
– ¿Recuerdas alguna anécdota?
– Sí, recuerdo que alguna vez nos invitaban en la discoteca más conocida de Olot para hacer una exhibición: la Discoteca Kratter’s. Éramos cinco pilotos: Carlos Casas, Josep Vilarrasa, Joan Grabulosa, mi hermano Josep y yo mismo. Bueno pues a raíz de aquel ‘bolo’ nos contrataron más discotecas de la comarca. Fue una época muy divertida. ¡Los fines de semana no dábamos a basto! (Risas).
– Fue la moto que soñaba tener. Tuvimos la oportunidad de conocer Andreu Codina y él nos la presentó. Me enamoró su ligereza, su simplicidad, su motor pequeño pero muy potente… y además ¡era bonita!
– ¿Y de GasGas para que desde ese día tuvieras todos los modelos de la firma hasta la Contact?
– Pues porque hicieron una moto que se adaptaba a mi estilo de conducción de aquel momento. Ten en cuenta que viniendo de motos más pesadas, la Gas Gas era extremadamente ligera. Además, que su ‘look’ era muy moderno.
– Como dije antes, la Vértigo la vi nacer y desde su concepción me sentí muy próximo en su desarollo y progreso. Además, me he adaptado muy bien a ella porque es muy fácil de llevar.
– Por cierto, ¿trial con moto clásica o moderna?
– Cada cosa tiene su momento. Me gusta mucho el trial moderno, pero también pilotar una moto de trial clásica. De esta última, porque me vienen los buenos y bonitos recuerdos de cuando era joven.
– Me quedo, con el non stop porque por mis cualidades me adapto mejor a él. Pero he de decir que ya que el mundo de trial ha evolucionado, también nos hemos tenido que adaptar a nuevas técnicas. Pero de tener que escoger, sin menospreciar el stop, me quedo con el segundo.
– Por cierto, ¿volverás a los Scottish?
– No. Por una simple razón: el trial para mí es disfrutar y no sufrir. Como máximo regresaría como espectador, y con la familia, para disfrutar de la carrera en sí, de las zonas, del ambiente… en definitiva de ese país tan precioso como es Escocia.
– Completamente de acuerdo. Es un trial con un sabor diferente: el ambiente, el pasacalles, las gaitas, son seis días, sus largas interzonas, las condiciones meteorológicas casi siempre adversas… A parte, físicamente tienes que estar bien preparado, por no decir también psicológicamente. Son estos y otros aspectos sus signos de identidad, los que hacen que sea ¡un trial diferente! (Sonríe).
– Si duda alguna: los 3 Dies Trial de Santigosa. Para mí es la cita de trial de larga duración más importante que existe en el mundo. Y no lo digo sólo yo, sino también grandes pilotos de toda la historia del trial. En mi caso, te lo digo con conocimiento de causa. He participado en ellos durante más de 30 años consecutivos y todavía hoy los disfruto como el primer día. Y como dice el presidente del Moto Club Abadesses: ‘Santigosa no es un trial. Santigosa es el Trial’. Por cierto, para su 50 aniversario se hizo un libro sobre la carrera, así como un reportaje documental. Ambos muy interesantes y que cualquier trialero debería leer o ver.
– En el aspecto puramente deportivo, por títulos ganados, es claramente Toni Bou. Pero en mis tiempos mozos, uno de los pilotos que admiraba era Jordi Tarrés. Fue un piloto que revolucionó el mundo del trial. Remontándome un poco más atrás, recuerdo mucho también a Toni Gorgot y a Lluis Gallach. Fueron de los primeros que, a nivel nacional, profesionalizaron el mundo del trial.