Entrevistamos en esta ocasión a uno de los pilotos aficionados de trial más conocidos de Asturias, Rubén García Coya, ganador del Campeonato de España de Trial TR3 +35 en 2012.
“El Trial une mucho a la gente porque, al final, todos nos conocemos y somos como una gran familia”

Nacido el 6 de noviembre de 1966 en Boroñes, un pueblo de la parroquia del Condado, perteneciente al concejo asturiano de Laviana, Rubén García Coya es uno de esos campeones trialeros tardíos. Y es que fue ya con 26 años y tras despuntar sobremanera como ciclista de carretera amateur que empezamos a verle en los triales.
Poco a poco, sin embargo, fue superándose hasta estar entre los mejores deportistas asturianos del deporte del equilibrio dinámico más pronto que tarde. Hasta doce títulos regionales y dos subcampeonatos nacionales, TR3-35 (2010) y Veterano A (2023); además de su máximo éxito deportivo hasta la fecha, su victoria final en el Trofeo Nacional en TR3+35 (2012).
Los amantes de la lectura saben que no hay nada como leer en un buen sillón. Pues eso. Buscad uno cómodo y disfrutad de una de nuestras entrevistas ‘gourmet’, sin edulcorantes, pero con un buen sofrito y mucho poso.
– ¿De dónde procede tu pasión por las motos?
– Eres de Laviana, un concejo asturiano donde predominaba la minería y las explotaciones ganaderas, aunque estas últimas en menor medida. Imaginamos que la moto era más una herramienta de trabajo que un vehículo para turismo u ocio. ¿Estamos en lo cierto?
– Soy de un pequeño pueblo llamado Boroñes que pertenece al concejo de Laviana, sí señor. Y es cierto que era zona de bastantes motos off road pero casi todas, o todas, se usaban más para los quehaceres del monte y del campo que para competición. A 1 km se encuentra el pueblo de El Condao, que probablemente algunos conocerán porque se realizó allí una prueba del CET en el año 2015. Boroñes no tenía espacio suficiente para albergar una competición de ese carácter y el paddock se habilitó en El Condao, aunque las zonas eran compartidas por los alrededores de los dos pueblos. Es nuestra zona habitual de entrenamiento y, por supuesto, de cualquiera que quiera venir a rodar, ya que aquí todo aficionado es bienvenido.
– Esa moto conseguí que me la comprara mi padre después de mucho comerle la cabeza, y aprovechando que la necesitaba para desplazarme en ella al Condao en tiempo de estudios. Había acabado la EGB y comenzaba el bachiller, por lo que bajaba en moto hasta El Condao, cogía un taxi hasta Laviana, y allí cogía el bus que me llevaba a la Felguera, donde iba a clase. Era una moto de segunda mano que compramos a un vecino y recuerdo que costó 30.000 de las antiguas pesetas. Aún la conservamos en casa. Acabó siendo la moto con la que mi padre iba al monte o se movía por allí cerca. Tengo buenos recuerdos de aquella etapa con ella. Prácticamente, mi adolescencia la pase moviéndome con esa moto.
– Porque mi hermana mayor se casó con el que ahora es mi cuñado y era el propietario de esa Bultaco. Seguramente él sabía que ganándome a mí, ¡con mi hermana lo tendría chupado! (Risas). Me cedió la moto como si fuera mía y pase con ella gran parte de mi juventud. Molaba aquella moto, molaba mi hermana y molaba mi cuñado. (Risas). ¡Siempre la tenía como los chorros del oro! Ahora es mi cuñado el que tiene alguna moto que fue mía. (Sonríe).
– Tu primer contacto con el deporte, sin embargo, fue con una bici de carretera, ¿no es así?
– Era una vuelta Asturias amateur. Recuerdo que la ganó Coque Uría, que, si mal no recuerdo, pasó a profesional al año siguiente con el Clas-Cajastur. Yo había empezado a competir algo por cronoescaladas, y carreras que hacían generalmente por las fiestas de los pueblos y se me daban bastante bien. No quería comprometerme con ningún equipo ya que lo hacía como a modo de prueba y decidí correr como independiente, que se podía hacer. El problema era si pinchabas o tenías algún percance, ya que si no te dejaban una rueda o te llevaban las tuyas, quedabas fuera de carrera. Recuerdo en la etapa que acababa en el puerto de San Isidro tener pendiente de mi nada menos que al ciclista que casi le gana la vuelta a Coque, Toribio de El Entrego. Me enseñaba como rodar en pelotón y me protegía dentro. Un superclase. No hace mucho seguía corriendo.
– ¿En que momento perdimos a un futuro José Manuel Fuente, «Tarangu», o Samuel Sánchez?
– Supongo que en el momento en que descubrí que no era un «superclase». (Risas). Para llegar a ciclista profesional hay que ser de una pasta muy especial y además que se alineen muchos factores. En aquel tiempo nació mi hija y la vida va estableciendo prioridades y poniéndonos a todos poco a poco en nuestro lugar. ¡El ciclismo es muy duro! (Más risas). Será que no había nacido para ciclista. (Sonríe).
– Las motos de trial en mi zona generalmente se usaban para trabajos relacionados con la ganadería, no para uso competitivo, pero en El Condao había un amigo que yo creo que fue el primer trialero de la zona, ya que la moto la usaba solo y exclusivamente para hacer trial, algo raro por aquellos parajes. Se llama Juan Carlos, pero nosotros lo llamamos J.C. Él fue de los primeros con los que empecé a hacer excursiones por los montes de la zona cuando tuve mi propia moto de trial.
– (Risas) Algo así. Había un taller de motos en el pueblo vecino, Talleres J.J. Allí parábamos los aficionados a las motos y, como no, gente de otros concejos que ya empezaban a hacer trial por la zona. Por aquel tiempo la moto más usada allí era la OSSA amarilla que estaba de moda en aquel tiempo con Toni Gorgot. Yo andaba por allí con mi Puch revoloteando y luchando porque algún alma caritativa me dejase dar una vuelta en la moto. (Risas). La forma en la que lo conseguía era lavándoles la moto cuando llegaban con ella sucia. Iba a hacerlo a mi casa, que estaba a un kilómetro, por lo que ese par de kilómetros de ida y vuelta eran mi premio por lavarla. Por supuesto, ya me encargaba yo de que el trayecto fuese un poco más productivo buscando caminitos y senderos adicionales que daban un poco de rodeo. Siempre en el trayecto de ida, ya que a la vuelta la moto estaba limpia y ya tenía que bajar por la carretera. (Risas).
– Te dejarías la paga en lavavajillas, bayetas y esponjas, ¿no?
– ¡¡Por supuesto!! En aquel tiempo la Karcher, o cosa que se le pareciera, ni se la veía ni se la esperaba. Lavadero, jabón y demás enseres, por suerte, había en casa y me aprovechaba de ello. Eso sí… limpiaba la moto con esponja o bayeta taco por taco y quedaba como los chorros del oro, no fuera a ser que no quedara a gusto del dueño y no me la dejara el próximo día. (Risas) ¡Buff!… ¡Mucho Mistol gasté yo! (Más risas).
– Básicamente, por tema monetario. La Montesa la conseguí a través de un amigo y era de segunda mano. Creo recordar que me costó 130.000 de las antiguas pesetas. Un compañero de trabajo me dijo que la vendía un vecino suyo y así fue como me hice con ella. Lo primero nada más traerla en casa … ¡¡la bayeta y el lavavajillas!! (Risas).
– A diferencia de otros, empezaste a practicar trial ya de mayor, con 26 años, y una vez aparcada la bicicleta. ¿Qué recuerdas de aquellas primeras salidas con tu amigo Juan Carlos?
– Creo que en más de una ocasión se os hizo de noche por el monte, ¿no es así?
– (Risas). Primero con cuidado de no mojarse, luego ya igual daba estar de agua hasta la cintura. Había allí una cuadra de ganado y allí quedaron los calcetines que ya pesaban. JC, con buen criterio decía que lo mejor era quedarse allí hasta el día siguiente y que nos íbamos a despeñar por aquellos barrancos. Pero yo solo pensaba en la gente que ya estaría preocupada por nosotros. Mi padre ya había ido a casa de JC para saber si estaba yo solo o al menos estábamos juntos. La noche se cerró y hubo un momento en el que nos iluminábamos el sendero con un mechero y contábamos cuatro o cinco pasos y volvíamos a encender. ¡Una odisea! Ahora nos parece simpático, pero llegamos a pasarlo realmente mal. Llegados al alto vimos unas luces y dimos voces a ver si alguien nos oía y nos podía indicar algo, pero nada.
Al final llegamos a una pista que nos llevó al pueblo de La Acebal, que está a unos 7 kilómetros del nuestro. Llamamos por teléfono y vino mi padre a por nosotros. Le apetecería matarnos, supongo. (Risas). Recuerdo que al ver las luces del pueblo nos daban mareos de tanto fijarnos por la oscuridad. Hubo momentos que en vez de mirar al suelo mirábamos hacia el cielo por donde la arboleda para guiarnos. Al día siguiente fuimos por las motos y tuvimos que hasta preparar rampas para poder sacarlas.
– Sí. Fue a raíz de ir a ver algún trial por la zona. En concreto, recuerdo ir a ver uno a San Tirso con Carlinos, el de Lolo, y JC. Veíamos a participantes y llegamos a la conclusión de que nosotros también podíamos llegar a hacer las zonas marcadas. ¡Ahí empezó todo! Poco después, Carlinos y yo ya estábamos apuntados a un trial y un poco más tarde ya se unía JC que se mostró un poco reticente de mano pero que acabo por sucumbir por nuestra insistencia. (Risas).
– ¡Sí! ¡Así fue! El primer trial que corrí fue del campeonato de Asturias en Santa María del Mar. Estrenaba unos pantalones de trial que me había comprado para la ocasión que eran iguales que los que llevaba Tarrés en aquella época. (Risas). ¡Qué bien lo pasamos! Ni siquiera miramos la clasificación. Estábamos cargando las motos para irnos cuando vinieron a buscarnos para decirme que había ganado en aficionados y ¡tenía podio! Esa carrera solo la corrí yo, pero enseguida fui liando a los demás para que se unieran a mí.
– Además de Jr y Torobó, uno de mis primeros mochileros fue Andrés, de El Condao. La verdad es que no hizo falta mucha insistencia para atraerlos. A todos nos gusta la naturaleza y el deporte y eso el trial te lo da en cantidad. Es un deporte minoritario, pero yo creo que une mucho a la gente porque al final todos nos conocemos y somos como una gran familia. Todos tenemos la misma pasión. ¡El trial engancha! Al final la competición no deja de ser contra uno mismo buscando mejorar y superarse poco a poco.
– Cada aficionado que venía era bien recibido y pasaba a ser uno más de la familia trialera. Todo aquel que quisiera probar o unirse al grupo tenía las puertas abiertas y ¡la diversión asegurada! Empezó a llegar gente de otros concejos a entrenar con nosotros porque sabían que siempre estábamos dispuestos a quemar un poco de gasolina. A veces llegaban cuando yo estaba trabajando en alguna cosa, y me querían liar para que saliera a entrenar. Por mucho que dijese que “no podía”, a los diez minutos ya estaba Rubén buscando los rastros para ver hacia donde habían ido. ¡Buff!… ¡qué vicio! “¿Por qué me liais?” Empezaron a unirse chavales de la zona para entrenar y a las carreras y empezaron a decir: ahí vienen “los de Coya” o.… estos son de “los de Coya” cuando nos inscribíamos a triales de la región o de fuera. Ahí fue donde nació el “Team Coya”.
– ¡Carai!
– Sí. Recuerdo que fue en Entrimo, en Orense, fuimos Marcos Gonzalez y yo a correr en Júnior, que era la licencia que podíamos sacar. Cuando empezabas tenías junior 1º, 2º y de 3º año. Recuerdo al speaker diciendo que era la categoría asignada a los más jóvenes y yo pensando… Sí, sí… ¡sobre todo yo! (Risas).
– En aquella primera carrera del CET compartiste categoría y zonas con Dani Oliveras y Dani Gibert, entre otros. ¿Qué te parecieron?
– ¿Y el nivel de la categoría?
– Recuerdo que la mejor zona que hicimos fue un 1 que saqué yo. ¡Aún no se ni cómo! (Risas). Y Marcos, apurándome porque había tiempo en zona y casi no llego al final. Tuvimos que ‘ticar’ alguna zona porque había unos trancos que, echándole valor, nos parecía que subíamos, claro… ¡Luego había que bajar! Y por más que mirábamos no veíamos la manera de hacerlo. ¡Se nos hacia el culo gaseosa! (Risas).
– Por nada en particular. Quizás faltó planteárselo y tener alguien conmigo que me acompañara y disfrutara de mi misma pasión. Eso es algo que tuve siempre con mis mochileros y gente. El trial te da momentos que, a veces, no aprecias en todo su esplendor cuando los vives, pero que con el tiempo aun están ahí y seguirán estando siempre. Más adelante ya mirábamos y ya nos planteábamos el nacional viendo su calendario y la forma de hacerlo siempre desde el punto de vista de aficionado para pasarlo lo mejor posible. Hubo muchas carreras en las que nos acompañaba mi hija Cristi, que es una ‘lianta’, y la verdad es que pasamos muy buenos momentos todos juntos. El tiempo va pasando y esos momentos quedaran ahí para siempre. Por eso cuando veo a padres con sus hijos en las carreras, si tengo opción, siempre les digo que aprovechen el momento al máximo porque el tiempo pasa rápido y la vida va cambiando poco a poco. ¡El trial da muy buenos momentos!
– ¿Qué cómo me recibieron? ¡Abrasándome! ¡Metiéndome paliza tras paliza! (Risas) ¡Qué tíos, como andaban! Yo creía que sabía andar en moto y ellos… me demostraban a cada carrera que no tenía ni idea. Es un lujo verlos, aún ahora, por las zonas. Tienen el estilo de pilotaje antiguo pero muy efectivo para no dejar más pies de los necesarios. Aunque no lo creas, de ellos se aprende mucho. Todo mi respeto y admiración, no solo por esos tres pilotos en concreto, sino por todos esos pilotos veteranos que hicieron y siguen haciendo carreras a día de hoy. ¡Da gusto verlos en las zonas! Que no falte la salud para seguir disfrutándolo. El trial le debe mucho a esta gente.
– Hombre, ¿y lo bien que nos lo pasamos? En la vida todo trabajar ¡no puede ser! Hay que tener alguna vía de escape, y la mía es el trial. Por suerte tengo un grupo de gente que disfruta mi misma pasión y eso ayuda mucho a que año a año estemos ahí. Unos tiran de otros, como suele pasar en los entrenos, y unos por otros vamos con ello adelante.
– A todo esto, por aquellos entonces, ademas de piloto de trial, también eras jugador de fútbol y fútbol sala. ¿De dónde sacabas el tiempo para tanto deporte?
– Con tanto ‘ajetreo´ no me extraña que en mas de una ocasión tu cuerpo te dijera basta en forma de tendinitis, contracturas o rotura…
– Precisamente, dos tendinitis rotulianas en 2011 una en cada rodilla, y una posterior lesión del tendón de Aquiles, en 2014 de la que a día de hoy todavía arrastras secuelas, te dejaron en el dique seco durante mucho tiempo. Sin embargo, no pusieron fin a tu amor por el trial. ¿Qué llevaste peor: la recuperación o el no poder subirte a una moto de trial durante más de un año?
– Las lesiones forman parte de la vida del deportista y al final tienes que aprender a convivir con ellas. Las tendinitis vinieron en el tiempo en que compartía el trial con el fútbol y fútbol sala. Llegué a estar un año entero sin los deportes que me encantaban, pero lo peor era que empezaban a condicionarme la vida. Recuerdo tener que apearme del coche a los veinte minutos de subirme a él si no podía estirar las piernas. Llega un punto en el que hasta te hace desesperar y llega hasta a ponerte de mal humor, pero también es cierto que la gente del trial somos de una pasta especial y ese espíritu de superación que tenemos en competición nos sirve para la vida cotidiana y para afrontar las cosas desde el optimismo. En salas de rehabilitación siempre saben que quien practica deporte tiene una velocidad más a la hora de trabajar. (Risas).
– El tendón de Aquiles me lo rompí en una carrera del regional y según noté la lesión lo primero que me vino a la mente fue: ¡Ostia! ¡Acabo de joder la próxima carrera del Nacional! No me dolía la lesión, me dolía… ¡el alma! (Risas). Otros siete meses en el dique seco. Lo compensaba yendo andando a ver a los demás entrenar y así no perdía físico. Ahora mismo, a esta edad, intento no arriesgar y cuidarme de no tener ningún percance ya que cada vez cuesta más recuperar y ¡no estamos para perder el tiempo con la moto parada!
– Según van pasando los años el cuerpo te va condicionando y te obliga a tomar prevenciones y pautas para mantener la frescura y el tono muscular. A parte de entrenar con la moto ahora mismo practico otro entrenamiento que es el crossfit. El crossfit lo descubrí hace cinco años o así de forma casual buscando tener un poco de fondo porque habíamos hecho una inscripción para los Scottish y queríamos tener una base física buena para poder disfrutarlos. No nos cogieron pero yo quedé enganchado al crossfit.
– Suelo practicarlo tres días a la semana después de salir del trabajo y la verdad es que me vale muchísimo como preparación, ya que me da un buen tono muscular y un poder de recuperación fenomenal. Lo recomiendo, sin duda, siempre dentro de las posibilidades. A mi edad lo único que intento es mantenerme e ir perdiendo el menor físico posible. ¡A veces también hago alguna carrera de esas de obstáculos para pasarlo como los indios!
– En el CET has vivido lo mejor y lo peor. Si te parece empezamos por lo segundo. ¿Qué te pasó en el CET de Arnedillo de 2011?
– Enorme disgusto para los tres, ya que sus motos apenas tenían un año y la mía… No tenía ni una semana. Todavía iba con los pelillos en los neumáticos. Aun así, sin motos, nos quedamos el finde y nos pateamos todo el trial a pie y supongo… siendo la comidilla del paddock. Mucha gente se solidarizó con nosotros y nos animaba, pero solo encuentras rabia e impotencia en esos momentos. Fue duro. La Guardia Civil montó un dispositivo al terminar el trial por si los amigos de lo ajeno las tenían aún en el pueblo e intentaban sacarlas con el movimiento del final del trial. Nos pidieron que estuviéramos con ellos porque si no aquello iba a ser eterno y a nosotros se nos hacía cuesta arriba porque nos parecía que era como desconfiar de la gente del trial. En aquel tiempo envié una carta que publicó Todotrial explicando todo el asunto para que nadie se llevara a malos entendidos. Aun así, de vuelta a casa todavía bromeábamos: “Vaya ligero que va el coche. Igor, mira atrás a ver si están todas las motos”, y cosas así. (Sonríe).
– ¿Recuperasteis las motos robadas?
– ¡Por supuesto! ¡Enorme satisfacción! ¡Se presentó la ocasión y aproveché el momento! Ese año solían venir a entrenar Iván Begega y el “Carreteru”, David, que me obligaban a salir algún día de semana y eso se notaba en el pilotaje. No fue fácil ni mucho menos. Fue una lucha sin cuartel con todos los rivales pero especialmente con Antoni Ramonet, con el que llegué a jugármela en la última cita del Nacional en Cal Rosal.
– ¿Cómo viviste ese toma y daca hasta la última cita con Ramonet?
– Fue un mano a mano que llegaba a ser desesperante ya que tenía un dominio y una regularidad envidiable… ¡Qué tío! ¡Yo creo que llegué a soñar con él! (Risas). Yo sufriendo para no dejar un pie y lo veía a él con aquella facilidad hacer las zonas que me llegaba a comer la moral, y mira que es difícil, ¿eh?. Esos ilustres veteranos tienen un pilotaje exquisito. (Más risas).
– Si la memoria no nos falla, el día antes de la carrera llovió como si quisiese inundar toda Gironella. ¿A qué santo encendiste las velas?
– En las temporadas siguientes, en cambio, te las vistes con otro Ramonet, con Jordi, su hijo. ¿Quién de los dos es más complicado de batir?
– ¡¡Buff!!… ¡No sabría decirte! Si era poco un Ramonet… ¡voy y tropiezo con dos! (Risas). Ramonet hijo me recibió como me recibieron en su tiempo los veteranos … ¡Abrasándome! (Más risas). Va muy bien Jordi. Tiene la regularidad de su padre y el estilo ese que se usa en las clásicas y al mismo tiempo maneja la moto al estilo del trial moderno, lo que le convierte en un arma letal. Al menos, para mí. (Más risas). La verdad es que tengo una buena amistad con toda la familia Ramonet. Es una de las buenas cosas del trial, que encuentras gente con tu misma afición y se comparten muy buenos momentos.
– Las opciones cada vez son más escasas ya que cada temporada, ¡seguimos cumpliendo años! Y que eso no cambie. Además hay gente bastante más joven que yo con mucho nivel a la que siempre cuesta mucho batir. José María Segura y César González son firmes candidatos al título y siempre aparece gente nueva que hace que los podios se pongan complicados. Pero bueno… ¡Torres más altas cayeron! (Risas). No soy yo de darlo todo por vendido ni de bajar los brazos ante la adversidad. Vamos que… que no se descuiden y sigan entrenando fuerte, ¡que a mí me cuesta muy poco darles un disgusto! (Más risas).
– Yo lo veo bien. Si te fijas en las inscripciones la categoría Veterano B suele ser de las más concurridas del certamen. La lectura que yo saco de ahí es que al aficionado veterano le gusta ir a competir pasándolo bien y no arriesgando a tener una lesión. Hay quien piensa que el premio final es lo importante, pero yo creo que lo importante está en el camino que recorres para llegar ahí. Esos momentos compartidos en el paddock, en la mesa, en las entradas de zona con los rivales y compañeros … no tiene precio.
– Yo creo que está bien ahora mismo. Si crees que está muy alto para tu nivel tienes la opción de Veterano B. También opino que lo han subido un poco respecto a años anteriores, y así me ha parecido también en TR4. Suelo fijarme en las zonas porque hasta no hace nada yo estaba en TR4 porque eran las zonas donde me parecía que por mi nivel lo pasaba mejor, y así era. Pero ahora las miro y hay veces que veo pasos que… ¡cuidado! No sé, a lo mejor es que me estoy haciendo viejo. (Risas). Cambié a Veteranos porque no podía contar con mi mochilero, con Iván, para las primeras carreras y tampoco quería “jugármela” por las zonas, que ya sabemos eso de… si no lo veo, la tico. ¡Mentira! La voy a entrar igual, ¡a ver qué pasa! (Risas)
– ¡Somos calientes de sangre! Ya cuando Iván volvió a acompañarme a las carreras en vez de como mochilero lo inscribía como piloto y, la verdad, es que lo pasamos pipa todos juntos. De todas formas, creo que hay categorías suficientes donde encuadrarte en el Nacional según tu nivel o tus aspiraciones. A veces oyes a pilotos decir: “es muy fácil esta categoría, ¡y no puedes fallar!, ¡sube a la siguiente!” o “es que es muy difícil” … ¡Espera! que te marcamos para ti el trial!
– (Risas)…
– Por cierto, doce títulos asturianos y dos subcampeonatos nacionales, TR3-35 (2010) y Veterano A (2023), además de tu corona en TR3+35 de 2012. ¿Satisfecho con el balance hasta la fecha?
– ¡Por supuesto! Como he dicho antes, para mí el premio está en el camino que recorres para llegar al final. Yo creo que es lo que hay que disfrutar. Ganar es muy bonito y también un poco adictivo, pero personalmente opino que, si fuera fácil hacerlo, y no hubiera todos los prolegómenos que lo anteceden casi carecería de valor. Está claro que todos los que competimos es porque somos competitivos y eso hace que siempre intentemos hacer el mejor puesto posible. Si puedes quedar segundo será mejor que quedar tercero, y si puedes ganar… será mejor que quedar segundo, eso está claro. Pero, yo personalmente, no cambio el triunfo por otros valores: hablo del compañerismo, el respeto, el crecimiento personal, el ser fiel a tus principios, el juego limpio … y todas esas cosas que el deporte te aporta… o debería aportar.
– ¿Ejemplos?
– ¿Cuál es tu mayor premio?
– Bueno. En TR4 he estado hasta hace dos temporadas, y me defendía como gato panza arriba. (Risas). Aun no sé qué haré la temporada 2025, pero tampoco descarto que pueda correr alguna carrera en esa categoría si es que no hiciese un campeonato completo en Veterano A. Como ya he dicho, mi prioridad ahora es cuidarme de tener lesiones y disfrutar del trial todo lo que pueda. Según me vea físicamente… ¡actuaré! (Sonríe).
– Participé en la Foz de Morcín, Asturias, en una carrera del Nacional con una Montesa Cota 330 prestada de un familiar y, la verdad, es que me lo pasé muy bien. Pero a mí me gusta más el trial moderno. Quizás porque empecé ya con estas motos y este estilo de conducción a competir. Pero claro, si haces el Nacional, el Regional e incluso vas a alguna carrera de otros regionales… yo creo que hay que darle al cuerpo algún momento de descanso y disfrute de la familia y otras cosas.
– Se dice que si practicas trial al menos una vez en la vida deberías disputar los Seis Días de Escocia. ¿Estás de acuerdo?
– Fíjate si estaré de acuerdo que he hecho la inscripción unas cuatro veces. Pero nunca he tenido la suerte de que me cogieran. ¿Será que no me ven capacitado? (Risas). ¡La última vez que la hicimos yo quedé fuera y entró Iván! Que al final no fue porque nuestra intención es ir juntos, que será como mejor lo pasaremos. Nos ha liado mucho Miguel Ángel Bermejo, que ya fue varias veces, y parece ser que eso lo tienen en cuenta porque a él casi siempre le cogen. Para mí, lo ideal, sería ir juntos y con algún veterano que nos vaya enseñando. Pero por lo que veo a este paso se me va a pasar el arroz antes de ir, ya que cuando físicamente ya no pueda, ya no voy a poder disfrutarlos. Sería una desilusión muy grande para mí tener que retirarme de este deporte sin haberlo vivido al menos una vez.
– Tenemos por ahí a César González, Jorge García, Aitor y Saúl Iglesias… Cualquiera de ellos puede dar la campanada y de clase… ¡van todos sobrados! No es fácil llevarse un campeonato, pero si ponen empeño y tesón yo creo que son firmes candidatos. Nombro a los que ahora mismo veo en activo. Pero siempre pueden aparecer pilotos nuevos y no tan nuevos que pueden estar ahí. Por si alguien no se ha dado cuenta… ¡Asturias es cuna de pilotos top! (Risas).
– ¡Por supuesto! ¡Aunque no va estar nada fácil! Ahora mismo la lesión que padece le ha frenado un poco la trayectoria, pero esperemos que se recupere y vuelva por sus fueros muy pronto. A »Pablín” lo conozco desde sus principios y es de esos pilotos que ves que el trial les fluye de dentro. Son esos pilotos que andan sin falta casi de entrenar, que improvisan sobre la marcha y solucionan las zonas a base de clase. Me recordaba a Jaime Busto en TR2.
– ¿Ah sí?
– Para terminar, por tu experiencia y bagaje, ¿quién crees que ha sido el mejor piloto de la historia de este deporte?
– Hombre… los números lo dicen. Hoy por hoy, está claro que Toni Bou es el Campeón de Campeones. El problema es que está llevando el trial a límites insospechados. ¡Esto ya roza el malabarismo! En Pobladura de las Regueras, en León, vi un aficionado que traía en su camiseta un texto que ponía “hay que matar a Bou”. Me causó gracia el comentario, pero mi opinión es que lo que tenemos que hacer es ¡disfrutar de él! Los demás pilotos lo sufren, pero los aficionados tenemos que disfrutarlo. A mí, personalmente, me gustaba mucho el pilotaje fino y depurado de Albert Cabestany, un pilotaje muy limpio y estilizado. También me gustó mucho Adam Raga cuando pusieron el non stop el primer año porque era el piloto que, a mi parecer, aplicaba el non stop mejor que ningún otro piloto. Una pena que luego se nos fuera de las manos todo y se convirtiera en una interpretación del control complicándole la vida totalmente.
– ¡Caramba!…
– En mi humilde opinión, si todos los que estamos compitiendo alguna vez nos encargáramos de organizar una carrera, marcaríamos un antes y un después a la hora de juzgar el trabajo de los demás. Sería muy bueno para todo. Me gustaría añadir que me ha quedado mucha gente sin nombrar, que me perdonen, y muchas anécdotas sin contar porque esto acabaría siendo un libro en vez de una entrevista. (Risas).